“Camina junto a mi, pero no agarres mi mano.

Dejame sola, libre.

Escúchame, pero no juzgues mis pensamientos.

Que no se oculten, libres.”

 

 

 

 

Cada sendero que recorremos por nuestra Sierra de Gata

nos hace sentir que formamos parte de la naturaleza en lugares mágicos,

en caminos que enlazan pueblos preciosos en los que disfrutar de los sonidos del agua,

los pájaros, las hojas susurrando canciones del recuerdo y el sol

acariciando nuestros cuerpos aletargados del invierno,

los brotes verdes desperezándose en las ramas caprichosos.

 

 

 

Y de repente nos encontramos con esta maravilla,

un puente de pizarra, pequeño y cubierto de hiedra,

por donde pasa un riachuelo lleno de vida y poder, con el agua fría y pura.